Para sobrevivir a la rutina tediosa del geriátrico, Liberto
decide escribir el relato de su vida, la odisea de un hombre a quien
el ideal de igualdad y el compromiso con los desfavorecidos lo acaban
condenando a la marginación y al más absoluto desarraigo.
Su historia comienza cuando, en 1934, a los dieciséis años
abandona su entorno familiar para unirse, fusil en mano, a la revolución
minera de Asturias. Tras la derrota de ésta, es condenado
a prisión en la Modelo de Barcelona. Al estallar la guerra
civil, combate en la Columna Durruti, donde nuevas derrotas, bélicas
y humanas, irán forjando amargamente su personalidad: allí
pierde a la mujer que ama y al hombre que admira. Obligado a exiliarse,
pasa por los campos de concentración franceses, de donde
logra huir para, después de múltiples aventuras, terminar
convertido en un aventurero vagabundo en América Latina.
En el corazón del Amazonas, unido a la causa de una revuelta
india, conocerá a la mujer árbol, un ser extraordinario
que, a pesar de su monstruosa fealdad, ejercerá sobre él
una extraña fascinación.
El amante de la mujer árbol seduce al lector con una voz
madura, descreída, irónica, forjada desde la autoexigencia
en el estilo y enriquecida con inteligentes pinceladas de humor.
Es una narración con varios niveles: por una parte es una
trepidante novela de aventuras, protagonizada por un anónimo
héroe de los de antes. Pero también es una metáfora
sobre el desarraigo, una sutil crítica a la falta de compromiso
político en la actualidad y una apologíade la reconciliación.
" Desarraigo, desencanto y un sentido
reproche a este presente falto de rabia, de ideas y de compromiso"
(Pilar Castro, en El Cultural)